Violencia entre parejas adolescentes y las historias personales

La verdad detrás de una manipulación en masa.

2019.05.26 20:18 emiedoly La verdad detrás de una manipulación en masa.

Primero que todo llevo pensando mucho tiempo si hacer esto o no. Me da mucho miedo hacerlo. Mucho. No voy a decir nombres, primero que todo porque todos saben los nombres de los dos abusadores y segundo porque todo el sentido “anti violencia” que se supone que tienen las funas se pierde. Yo partí siendo amiga de mi abusadora. Le confié cosas demasiado personales que ni siquiera le había confiado a mi grupo de amigas de ese entonces. Entre esas cosas mi abuso sexual. Ella me dijo que la dejara piola, que iba a quedar como loca. Y yo nunca supe que a futuro lo usaría para cagarme la vida a mi y a la persona que amo. Ella me hizo gancho con mi actual pareja. Yo no voy a hablar de toda la mierda que le hizo a mi pololo, manipulándolo, celándolo, insistiéndole, incluso golpeándolo. Eso no me corresponde a mí. Yo voy a hablar de cómo me quiere cagar la vida. De todo lo que ha hecho. Yo me enteré de que ocupaba mi mismo relato de abuso sexual pero en contra de mi pololo en febrero. Casi me morí. Porque mierda le quiere hacer esto? Porque mierda me restriega en la cara que me violaron? Yo sabia que se joteo a mi pololo (ya estando con su actual pareja), obvio mi pololo no le siguió el juego y quizás por esto comenzó toda esta locura. Me enteré porque desde octubre-noviembre comenzó a tratarme muy mal con comentarios pasivo-agresivos. Comentando cosas como “creo que subiste de peso” cuando íbamos al baño (weas que lamentablemente me importan) me respondía historias cuestionando todo lo que hacía y un día decidí no responderle. A veces trataba de iniciar una conversación tipo “me encanta esta serie” “temazo” (estupida, lo se) pero fue mi amiga y yo SIEMPRE trato de arreglar las cosas. En ese entonces siempre veía un rayo de luz en la gente (me jugó bastante en contra). En febrero, comenté una webada en una página de memes y me respondió pasiva agresiva nuevamente. Yo me sentí mal. Hace mucho no me hablaba y cuando lo hizo fue para tratarme mal. Me dio rabia. Yo decidí dejar de seguirla porque en diciembre puteó a mi hermana por Instagram, diciéndole pendeja culia inmadura y weas. Yo luego del comentario en la página de memes le hablé a ella por Instagram le pedí que parara de molestarme por favor. Se rio en mi cara me trato de loca culia (yo no respondí puro amor) obviamente le dije que que le pasaba como trataba así a la gente que amo, que porfa parara. Le conté a una amiga que estaba discutiendo con ella. Mi amiga me dijo: para, weon la mina está inventando que el Diego se la violó. Yo me quedé en shock. Yo recuerdo haberle preguntado a la mina si con el todo había sido con consentimiento y me dijo que si, el 100% de las veces fue con consentimiento. Citándola textualmente: “era como ohhhh si quiero esto” (tono sexual) Obviamente le dije a la mina que parara de mentir, me trato como el pico. Como el real pico, me trato de loca, se rio de mi... yo lloraba. Llame a mi pololo, me dijo que la mina empezó a decir eso hace tiempo, que no sabía porque, pero que me calmara, que nada iba a pasar. Que no me contó ya que la mina uso mi relato y que el no quería que me preocupara por el ni que reviviera toda mi pesadilla otra puta vez. Yo salí a caminar como una hora después de todo esto y noto a un weon de negro hablando por teléfono, no le di importancia. Había más gente en la calle. En un momento quedé sola. Comencé a escuchar pasos rápidos, miré atrás y venía un adolescente con poleron Oakley negro, lentes, guantes de lana en pleno verano y una bandana del joker en la boca. De su físico alcancé a notar que medía como 1.70, era Moreno, nariz ancha, voz entre grave y aguda y tenía una especie de flaps de pelo negro y ondulado. Bueno, note esto, comencé a correr, el me dijo “oye oye” con una voz demasiado nerviosa. Me alcanzó. Me tomo de la cara con el puño entre cerrado. Me miro unos segundos. Me tiro al piso, me rasguño con una navajuela gillette o algo en el brazo, me pateo me grito “te gustaría” dos veces y corrió. No quiero recordar esa escena. No fue todo con una fuerza impresionante ni nada. El weon estaba nervioso. Salió corriendo y todo. No me robó, no me violo, no me rapto, me metió miedo. Llame a mi pololo y a dos amigas. Hablé con una amiga que me llamo. (Mi mamá está embarazada y no quería que perdiera a mi hermano por esto) me vino a buscar mi pololo. Me llevo a su casa. Me calmo. No recuerdo bien todo porque estaba llorando y en shock. Su mamá me calmo. Llamo a mi mamá. Ella y mi pololo me acompañaron a constatar lesiones. La solución que dieron fue poner una patrulla de carabineros al rededor de mi casa. Llegué a mi casa. Día de mierda en donde toda la seguridad que me costo años encontrar se fue a la cresta. Antes de salir yo había hablado sobre una mina que me webeo durante mucho tiempo y lancé ayuda a gritos, lo borré después. Cuando llego a mi casa veo mensajes de la mina diciendo “deja de hablar de mi lokita” yo no le respondí, la bloqueé. Empiezan a llegar WhatsApps a mi grupo de curso. Eran audios. Era el pololo de esta mina con el celular de un amigo que va en mi curso. Me amenazaba. Me decía que la cortara con su mina, que si seguía cagabamos yo y mi pololo. Que los cabros no andaban con weas, que pegaba un telefonazo y era. Puras weas así. Yo llore cagada de miedo. Weon me atacaron ese día y me llega esto. Durante esos días me empiezan a llegar mensajes de cuentas anónimas diciendo que nos iban a cagar la vida a mi y a mi pololo. Puta, no aguante. Yo siempre trataba de ver un poco de luz en la gente. Desbloquee a la mina. Le mandé UN audio pidiéndole que parara, que no nos atormentara más, que yo creía en ella y creía que tenía empatía. Que nos conocía y que por favor nos dejara en paz. Y ella me contestó risas. Se cago de la risa. Risas, taldos, me trato pésimo, de culia, de aweona. Yo lancé mi teléfono al piso. Me puse a llorar. Porque chucha hay gente así. Que mierda quiere lograr. Agarre mi celular para bloquearla otra vez y ella borró la conversación. Yo le saqué pantallazos a la conversación entera cuando todo empezó y no me preocupe tanto. La bloquee. Me siguieron llegando mensajes horribles. Con fotos de gente colgada. Brazos con cortes. Gente torturada. Puta yo me cuestioné todo como chucha me mandaba esto... será ella o su pololo, serán amigos o que mierda. Se acercaba el comienzo de clases y yo estaba mal. No quería verle la cara a estos weones. Además el papa de esta mina hacía lo posible para cambiar de curso a mi pololo. Se supone que fiscalía da la orden, pero fiscalía deshechó el caso ya que ella misma lo desmintió. El caso no existía. Ese caso lo tuvo que poner el colegio como protocolo de abuso. Nos llegaban amenazas de que si no se cambiaba iba a ver lo que pasaba. Puta su mamá cedió. El colegio diría que en meses la cambiarían a ella y sería transitorio y volas. Yo no quería ir al colegio, sentía que si iba me haría algo. Cuestioné mucho en cambiarme, estuve a punto. Pero yo no soy la que tiene que pagar los platos rotos de esta mina. Un par de días luego del inicio escolar me llegan más amenazas, esta vez de una cuenta de memes de su pololo, donde el confirma frente mi y frente autoridades que fue él. Más que nada amenaza a mi pololo. Me dice weas horribles. Me dice que su mina tiene miedo de salir a la calle por mi culpa. Que la puteamos desde cuentas anónimas. (Otra vez apropiándose de historias ajenas) y el decía que sus juntes no andaban con weas, que no repetía las cosas. Que la próxima vez nos iba a hacer algo. Weon obviamente me cague de miedo como chucha controlamos cuentas que no son de nosotros?? Mostramos todo al colegio. El colegio abrió el protocolo de acoso escolar. El weon sigue hasta el día de hoy haciendo weas pasivas cómo reírse, hacer sonidos de peos cuando pasamos. Empujones a mi pololo. Etc. Me toca mi diferenciado de inglés y el esta ahí. Me dio miedo. El primer día sus amigos y el comienzan a webear con que se siente conmigo y la wea. Yo salí de la sala caminando rápido y fui a Coordinacion a avisar. Pasa el tiempo, amenazas siguen llegando. Fui a carabineros. Fui a la brigada de cibercrimen. (No diré la info que me han dado, porque sigue en investigación pero creo que no necesito decirla para que se hagan una idea). El primer mes en el colegio la mina pasaba al lado mío, se reía, hacía comentarios como “watona culia” (ella sabe lo que significa ese “”””insulto””””“ para mi) “fea culia” y weas así. Me comenzaron a llegar las amenazas “anónimas” más fuertes, los “cuélgate para que esto pare” las instrucciones de cómo suicidarme, me pedía fotos de mis cortes, puras weas morbosas y horribles. Comenzó a llegarme mi info personal y la de los que amo. Voy a ser honesta. Lo pensé una y mil veces... pensé en suicidarme. Acechaba a mi pololo, familia, amigos hasta y yo sentía que era mi responsabilidad parar esto suicidandome. Las cosas son como una montaña rusa, a veces para unos días y otras le da con todo para hacerme la vida imposible, a mi y a más gente. Me siguió a mi y amigas en el colegio por muchísimo tiempo. Entraba al baño en el que estábamos a solo mirarse en el espejo, calentaba en el mismo microondas en el que nosotras, sino en el de al lado. Se sentaba al lado de nosotras. Con mi pololo lo mismo. Nos seguía. Inventaba weas de mi mejor amiga también. Las seguía a ellas también. Es horrible vivir así. Así a sido más de dos meses. Llega el día de la funa y yo en verdad no paro de llorar. Por un lado mi pololo, que me hace feliz, que amo, comienza a ganar odio por mentiras, comienzan a tratarlo horrible. Llegan amenazas de más de una persona. Mensajes incitando al suicidio. Amenazas de muerte. Mensajes como “mereces carcel violador culiao” “ojalá te violen en la carcel” weas horribles. A mi también me llegan mensajes horribles. Un fin de semana de mierda. Por otro lado, revivo mi abuso, siempre, todos los días. Todos los putos días. Y es un arma de doble filo, sufre mi pololo, sufro yo. Sufro por la condena social y sufro por que me abre la herida. Siempre trato de guardar el tema... pero escuchar mi propia violación como un chiste, como una funa a alguien que amo... de verdad pasar por algo así weon, no se lo deseo a nadie. Una semana cuesta ir al baño? Me sigue costando. No voy casi nunca. Me da miedo. Las secuelas duran 5 años (físicamente) en muchos casos. Pensé que fue lo peor que me podía pasar hasta esto. Una bomba que me ataca todos los días por todas partes. Y yo le conté esta pesadilla como amiga. Fui tan weona. Como no note su personalidad narcisista? La mayoría de los abusadores saben cómo son las personas, inseguras. Se acercan a ellos, son encantadores, dicen cosas para subirte el ánimo, saben tus puntos débiles por la chucha. Se aprovechan de eso. Se aprovechan además de que todos dirán “ay, es tan amable, imposible que sea así de mala”. Me tratan de loca, mentirosa, etc. Yo sé la verdad. Cada quien cree lo que quiere creer. Por eso no juzgo a mis hermanas que le creyeron. Porque nuestro deber como mujeres es creernos y apoyarnos. Lamentablemente se aprovechó de eso. Se rió de eso. Aludió al movimiento feminista para esto. Si me da paja toda la gente que en estos momentos nos odia, no nos habla. Nada. Gente que sé que fueron súper importantes en nuestras vidas. Pero puta que agradezco el apoyo. Agradezco a mis amigas que me ampararon siempre durante todo esto. Agradezco a mi familia que me ha apoyado. Agradezco a toda persona que me haya apoyado, defendido, ayudado. Agradezco a la gente que se preocupó por nosotros, que nos habló y apoyó. Gracias en serio. La historia sin el apoyo de esta gente sería trágica. El que te hagan la vida imposible y den vuelta toda la historia es horrible. Si, es una pesadilla 24/7. Pero me hizo más fuerte que la mierda. Fui débil muchos momentos, estuve a punto de dejar todo atrás. Pero no soy la misma mujer que hace un año. He ganado fuerza. Me siento una mujer fuerte. Menos ingenua. Más preparada para la vida, porque la vida es así, es dura. Yo subo esto sin aludir a ningún movimiento y sin obligar a nadie a creer. Vengo a decir la verdad. La verdad de la historia porque creo que todos merecen por lo menos escucharla antes de opinar. Tengan ojo con lo que cuentan, tengan ojo de con quien se relacionan. Pueden parecer las mejores personas, chistosas, amables, etc. Así son los abusadores. No soy psicóloga para diagnosticar a nadie ni tengo el derecho de hablar de un diagnóstico existente ajeno, pero así son las personalidades de abusadores narcisistas. Se disfrazan de muchas formas, de víctimas la mayoría del tiempo. Lo peor es que sé que no soy la única pasando por un momento parecido debido a esta persona. Sé que golpearon a un ex alumno debido a ella. Se que uno de mis cercanos fue golpeado y amenazado por culpa de las mentiras de esta mujer. Se que otras mujeres han sido amenazadas por ella. Yo voy a luchar, por mí, por mi pololo y por todas las víctimas de esta mujer. Basta. Basta de este maltrato. La verdad siempre sale a la luz. Y ya era hora.
Lo que pasó cuando me violaron.
Yo le dije mil veces que no quería tener sexo anal, mil veces. Un día íbamos a tirar vaginalmente y me insistió que me pusiera en cuatro, le dije que bueno. Tirando en cuatro el paro por unos segundos y antes de poder hablar me penetro por el ano muy fuerte y obviamente yo grité de dolor a lo que el empujó mi cabeza en contra de la almohada. El esperaba que mi ano se cerrara para volver a penetrarme y lo hizo con fuerza y rápido muchas veces para “acabar” más rápido y que no me molestara tanto. No se si se dio cuenta que yo lloraba contra la almohada, pero cuando me di vuelta seguí llorando y vi su cara de placer y vomité en mi pieza. Después de diez minutos me pidió perdón y me quedé callada. Le dije que no tenía ganas de hablar y que se fuera y lo hizo. No había nadie en mi casa. Me puse los pantalones y fui a buscar cosas para limpiar mi vomito porque no quería que nadie se enterara. Fui a hacer pipí y además de ver mis calzones con sangre, me dolía muchísimo. Me metí a la ducha y me costo muchísimo lavarme, pero lo hice porque me sentía inmunda y asqueada. Habían días en los que sangraba y una semana después tuve que ir al baño y sangre mucho, fue un dolor inmenso. Llore demasiado y se sentía cómo ese dolor que te invade el cuerpo y te deja sin respiración con una sensación rara en el pecho, el mismo dolor que sentí cuando me hizo esa mierda. Yo sentía que me causaría un prolapso anal, por eso cuando se volvió viral el video de los prolapsos sentía una incomodidad enorme. Asi fue como me fui aguantando lo maximo que pudiera hasta tener diarrea, que duele un montón también pero por lo menos no hago fuerza y algo contundente no pasa por ahí. A veces pasan semanas y simplemente tomo un laxante. Pero no puedo ir al baño regular.
Después de un tiempo decidí que era hora de hablar y le dije a mi mamá, me llevo al médico. Tenía una fisura anal crónica en el ano por lesiones. Es decir una lesión que siempre estará ahí, que causa hemorroides centinelas si se hace mucho esfuerzo o se causa una mínima lesión en el ano.
Muchas veces boto sangre al ir lo poco que voy al baño. A veces voy cada una semana, otras cada dos, y mi máximo 3 y media. Cada vez que voy al baño imágenes de mi violación pasan por mi cabeza. Después de un tiempo les conté levemente a unas amigas y a mi pareja. Una “amiga” me insistió por más detalles y le dije cómo fue la violacion, mis sentimientos y un par de consecuencias. Bueno, ya saben en lo que termino todo eso.
Ahora cada vez que me duele, me sangra, voy al baño, o simplemente existo, pienso en mi violación, y no solo en eso, también en lo que la Ignacia me hizo. Como se rió en mi cara de esto y lo convirtió en una pesadilla aún más grande para mi.
[la verdad de una manipulación en masa.](realidad.com)
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2019.01.09 14:59 Asperger_Mgtow Carta abierta a las feministas

http://argentinatoday.org/2019/01/09/carta-abierta-al-colectivo-de-actrices-argentinas-por-carlos-balmaceda/
De mi mayor consideración: Les escribo en mi carácter de dramaturgo, actor y periodista, profundamente conmovido por las consecuencias políticas que su denuncia, -promovida en torno al presunto abuso sufrido por Thelma Fardín-, está desatando en la sociedad argentina.
Una nueva dinámica de vínculos, estigmatizaciones y prejuicios se ha iniciado a partir de la magnitud de su acto, y los efectos no deseados podrían convertirse incluso en un baldón para su propia causa, afectada por los arrebatos coléricos de una sociedad particularmente sensibilizada por estos eventos. Los episodios ocurridos en los últimos quince días, que incluyen dos suicidios instigados por los llamados “escraches”, evocan a ese aprendiz de brujo que, desbordado por su magia, pierde el control de sus actos con resultados catastróficos. Nadie, en este contexto de polarización, parece interesado en detener esta bola de nieve que solo beneficiará a los agentes de la distracción y el conflicto, jugando a favor de la manipulación de los poderosos y los intereses de una ingeniería social que busca dominarnos a través de la división entre argentinos. Por eso quiero llegar a ustedes, con el fin de que podamos debatir con franqueza y profundidad sobre las consecuencias de estos episodios. La justicia de su causa no puede ocultarles que ustedes ejecutaron una puesta en escena contando con la familiaridad y cercanía que otorgan la pantalla de cine o de televisión, y disponiendo de un oficio que las ha entrenado para emocionar a los espectadores, lo que les otorga un plus a la hora de convencer. Es decir, ustedes sabían que al convocar a su reclamo, contaban con una simpatía atizada por su condición de mujeres y su popularidad como actrices. De manera que ese pronunciamiento contó con una eficacia simbólica que ningún otro colectivo, profesional o artístico, dispone. Su oficio es el de la mímesis, la reproducción del drama y la evocación de la emoción. Como actor y dramaturgo, lejos estoy de criticar esa condición, inseparable hasta cierto punto de la propia identidad fogueada en la dialéctica de nuestro arte. Pero lo que es indiscutible es que esa eficacia potencia cualquier influencia sobre su público. Bien lo sabe la generación de actrices de la propia Thelma, que han visto crecer a sus “fans” adquiriendo no solo el merchandising, sino también la estética, la forma de relacionarse y hasta el lenguaje de los personajes que admiraban. Ustedes deberían haber sabido entonces que el efecto de la denuncia traspasaría largamente la dimensión racional de la empatía y produciría los resultados que, en horas, se desataron. Si no lo evaluaron todavía, con todo respeto las invito a esa reflexión, que podrá ahorrarnos conflictos, manipulaciones e incluso nuevas muertes. Por otra parte, su solidaridad con Thelma, la incuestionable búsqueda de justicia en torno a un hecho aborrecible, no debería distraerlas del contexto mundial en el que su acto se realiza, cuando las políticas de género se han convertido en un caballo de Troya: surgidas de espacios académicos ajenos a nuestra realidad, financiadas por fundaciones con sede en el norte del planeta, su irrupción en Argentina pretende vulnerar la construcción de una matriz nacional y popular, que recupere no solo las riquezas enajenadas por la actual gestión de gobierno, sino también nuestras más valiosas tradiciones culturales. Ayer mismo, en Brasil, hemos podido ver cómo el propio Bolsonaro prometió combatir la ideología de género, que, al fin, actúa como un juego de pinzas: introduce una polémica estéril, ajena a las necesidades nacionales, y al mismo tiempo crea su propio cuco reaccionario. Al mimetizarse con la ideología de género, diversos feminismos han sido arrastrados a esta falsa disyuntiva, sufriendo entonces el rechazo de una parte mayoritaria de la población, que ve en esta prédica un ataque a sus creencias y costumbres. Como colectivo político, ustedes deben definir si serán arrastradas por esta ola o si se sumarán a un feminismo de inspiración nacional y popular. Por ahora, su organización se alista, por acción u omisión, en ese bando que milita la disolución nacional y la división entre compatriotas, porque más allá de dos ejes, -la ley de interrupción voluntaria del embarazo y la difusión de denuncias por abusos-, no puede advertirse cuáles son sus objetivos. Y si son una organización política, necesariamente deben confluir en un movimiento que las vertebre y aloje sus reivindicaciones. Que se entienda, nadie pretende bajarle el precio ni a los pasos que han dado ni a la absoluta justicia de sus planteos, pero el rumbo que llevan se encamina hacia una colisión con el sentido común, y está dejando a la vera del camino un costo que se mide en vidas, que algunos consideran con impiedad y cinismo, “daños colaterales”. Me refiero a los hombres que han muerto en medio de sus reclamos, provocados por quienes ejecutan su escrache mediático. El caso que encuentra mayor contigüidad temporal entre su denuncia pública y sus consecuencias, es el del director de Deportes de San Pedro, Luis María Domínguez, que se ahorcó apenas supo que una presunta víctima lo denunció en un video. Ustedes son un colectivo político y tienen que asumir las consecuencias de sus actos. Esa mujer grabó el video con su acusación a las pocas horas de vuestra propia denuncia. Es decir, se sintió respaldada en cierto modo por lo que vio en los medios, y accionó en consecuencia. Al día de la fecha, todavía no se ha presentado en la justicia, no hubo una sola prueba de que Domínguez la hubiese violado y el hermano de la víctima, aludido en el mismo video, ha tenido el tiempo suficiente para fugarse, amenazar a la víctima o cambiar sus hábitos en función de la denuncia mediática. La hermana del presunto violador, mujer que por sus dichos se adivina ecuánime y piadosa, se ha querido poner en contacto con la denunciante, pero hasta ahora se ha negado incluso a ese intercambio que podría confortarla y hasta ofrecerle una perspectiva de lo que ha hecho, porque en definitiva, su denuncia tuvo una consecuencia: indujo a un hombre, culpable o no, al suicidio. Y eso ocurrió a horas de la denuncia de Thelma Fardín que ustedes solidariamente acompañaron. Como actrices, conocen esa advertencia televisiva que reza “niños, no intenten hacer esto en sus casas”. Ese mismo espíritu es el que ustedes deberían tener en cuenta al realizar una denuncia con tamaño peso emocional y andamiaje simbólico. Frente a ese efecto de contagio, ustedes, como el colectivo político que son, no fueron capaces de obrar, produciendo un nuevo pronunciamiento. De hecho, se han limitado a esa denuncia, sin ahondar en sus consecuencias. Y eso produjo otra muerte a unos diez días de su presentación televisada, la de Agustín Muñoz, adolescente de Bariloche acusado falsamente por una amiga. Dieciocho años, señalado por su entorno social, escrachado en las redes, la propia denunciante pidió disculpas y confesó su mentira, pero fue demasiado tarde. En la cultura del escrache, todos podemos ser acusados, sin pruebas, sin presentaciones judiciales, sostenida la imputación por el clima imperante –los hombres son potencialmente violadores y asesinos-, y una consigna –“yo sí te creo, hermana”-. Horas antes de que se produjera su anuncio, la antropóloga Rita Segato, baluarte del pensamiento feminista, había advertido sobre las consecuencias de los escraches y el punitivismo que algunos feminismos estaban ejerciendo, señalando que de persistir en ese camino, solo se estaría cambiando de mano al látigo del dominio patriarcal. Esta voz autorizada todavía no ha sido escuchada, ninguna de ustedes ha recogido el guante y elaborado una reflexión, que se impone después de estos dos suicidios producidos en el término de una semana. Alegarán que la denuncia de Thelma fue realizada en sede judicial y que eso la distingue de aquellas que no concurrieron por esos canales legales. Es cierto, la formalidad ante la ley es bienvenida, pero el impacto mediático es el que ha determinado una condena social de tal magnitud que el denunciado Juan Darthés ya ha perdido toda chance de defensa ante una opinión pública que, en virtud de la contundente puesta en escena detallada, dio su veredicto. Y lo que como organización política deberían tener en cuenta, es que los episodios de San Pedro y Bariloche, sin denuncia judicial mediante, ocurrieron al influjo de esta situación. No fueron los únicos casos. Las denuncias dentro del ámbito político se multiplicaron al día siguiente de su pronunciamiento, y, exceptuando la imputación al senador Marino, realizada en sede judicial y con un relato preciso y detallado, todas fueron lanzadas a las redes sin posibilidad de que los señalados puedan ejercer derecho a defensa alguno. Básicamente, dada la unanimidad que se ha instalado en virtud del clima descripto, el buen nombre y honor de los imputados han sido dañados definitivamente. En vuestro accionar, y en las opiniones generalizadas de una mayoría importante de mujeres, estos actos de “justicia por video propio”, parecen satisfacer una demanda que se convierte en venganza lisa y llana; y así, se actúa como si la causa ameritara la caza y la delación, el aislamiento social del hombre, e incluso, el disciplinamiento entre los niños y adolescentes, que crecen con la presunción de un “pecado original”: el haber nacido hombres. El efecto contagio no se detiene. Si bien algunos casos se registraron antes de su presentación, otros se multiplican, como las denuncias en el ámbito político, al influjo de su acto. En las escuelas, primarias y secundarias, se cuentan centenares de casos, y, de no atemperarse este clima social, se producirán muchísimos más en el siguiente ciclo lectivo. Se sabe de un colegio de la localidad de Banfield donde se han promovido varios escraches, y en Mendoza, los propios varones acusados en las redes, contraatacaron con una presentación judicial. Como colectivo político, no puede serles ajena una mirada estratégica: como mencionáramos, ayer mismo Bolsonaro asumió en Brasil, favorecido por un eje de campaña fuertemente influido por la ideología de género: el lema “Ele nao”, disparó sus preferencias electorales no bien se realizó una multitudinaria convocatoria bajo esa consigna. Es que junto con sus reivindicaciones, justas, indiscutibles, necesarias, impostergables, cabalgan las agendas de organizaciones no gubernamentales que han decidido convertirlas, como ya se ha dicho, en un Caballo de Troya. De esto, lamentablemente, no se puede hablar. Las referentes de algunos feminismos se niegan de plano, como si examinar esta cuestión comportara una complicidad con esas agencias internacionales, o como si el delimitar la acción propia de esa influencia, significara rebajar las conquistas conseguidas por el campo feminista. Una mirada parcial y superflua puede conducir a errores garrafales en la interpretación de lo que ocurre en torno al feminismo en el centro y la periferia, lo que puede desencadenarse si se siguen, sin un sentido crítico, tendencias y personajes referenciados como “feministas”. Las paradojas que se producen a partir de este sesgo son múltiples y dolorosas: movimientos feministas del primer mundo, como el “me too”, en los que ustedes suelen referenciarse, reivindican a Hillary Clinton, y la oponen a Donald Trump, recibido al inicio de su mandato con una de las más grandes movilizaciones en la historia de los Estados Unidos, que lo repudió por misógino. Sin embargo, quien representa el brazo femigenocida del imperio es esa mujer, con cientos de miles las víctimas que fueron torturadas, violadas, asesinadas, vendidas o casadas a la fuerza luego de que Clinton desatara la campaña más salvaje de la que se tenga memoria en Medio Oriente. Es una época compleja, en la que no se puede confundir lo central con lo accesorio. Vaya entonces este ejemplo: Gal Gadot, una colega suya que encarnó a la Mujer Maravilla en sus últimas versiones cinematográficas, creó un protocolo de producción contra la misoginia en estas producciones, lo cual es irreprochable y necesario. Pero Gal Gadot es a la vez una entrenadora de élite del ejército israelí que solo en el año 2014 asesinó a cerca de un millar de mujeres palestinas, más de quinientos niños y niñas, y que encarcela a diario sin ningún tipo de proceso judicial a adolescentes como Ahed Tamimi, que permaneció ocho meses presa en una mazmorra del régimen. El protocolo es lo accesorio, la matanza es central. Concurrir al país ocupante para promocionar producciones como “Patito feo”, tan populares en ese lugar, y no hacer una sola mención de todos esos atropellos contra las mujeres, sería la perfecta representación de esa perversa paradoja. Y en el caso de Thelma, ese eje estratégico también está ausente. La denuncia en la justicia nicaragüense, responsable, necesaria, valiente, se hizo a través de una ONG financiada por George Soros a la que se le quitó su personería jurídica una semana después del episodio. La república hermana de Nicaragua está envuelta en una serie de acciones golpistas, y esta ONG no fue ajena a estas maniobras. Si Thelma o su abogada juzgaron que ese era el canal más adecuado, el que ofrecía mayor contundencia a la demanda, como colectivo político ustedes no pueden dejar de evaluar estas circunstancias. Y no hay un solo pronunciamiento ni declaración de su parte que manifieste algún tipo de prevención, o que se aparte de la instrumentación política de la que, sin saberlo, pueden formar parte. Ustedes se constituyeron como colectivo cuando se planteó el debate sobre el aborto. En esas circunstancias, tampoco evaluaron su posible uso político. Y hoy, a seis meses de fracasada esa iniciativa, el diputado oficialista Lipovetsky anuncia que en marzo volverá a presentar la discusión en el Congreso. Sin Ministerio de Salud, con partidas absolutamente desfinanciadas para la atención de niños y mujeres, con hospitales en estado de absoluta precariedad, sin fondos, incluso, para los institutos que atienden los reclamos específicos de género, es claro que este debate es planteado como un distractivo, y que materialmente es imposible de implementar, lo que nos convoca a que pensemos juntos en la cruel paradoja de una presunta conquista en medio de la más pavorosa derrota social, económica y política que sufre el pueblo argentino. Para que se entienda entonces, cuando en esta carta hablamos de “mirada estratégica”, nos referimos a la observación aguda y sin anteojeras de la realidad, de los poderes que operan por detrás, y de la instrumentación posible de su causa. La sensación que reina en nuestra sociedad, es que ciertos feminismos punitivistas y misándricos, han perdido la brújula, con agresiones gratuitas, provocaciones insensatas y alardes irreverentes que terminan alejando a todo posible aliado, e incluso a muchas mujeres. En este sentido, el suicidio de María Luz Baravalle, docente de la UNNE, es particularmente doloroso: una feminista, acosada por sus propias compañeras de militancia, decide quitarse la vida. El episodio ilustra que una vez puesto en práctica el mecanismo de la difamación pública, nadie está a salvo de salir indemne. Se impone, entonces, una cuota de diálogo y responsabilidad, que, como colectivo, hasta ahora ustedes le han negado a la sociedad argentina. Por el contrario, una estética de la protesta, una puesta en escena del reclamo, las asocia con estos sectores, y si ustedes no son capaces de advertirlo, dada la polarización del conflicto, quedarán implicadas en ese espacio de rechazo. Se insiste en que como organización política, la reflexión con vías a operar sobre la realidad, es central, de lo contrario, corren el riesgo de que la irresponsabilidad y la liviandad terminen dinamitando sus propia construcción. En los meses precedentes, tuvieron ustedes señales de lo que se comenzaba a gestar. A principios de noviembre, un prestigioso director y docente de teatro, Omar Pacheco, decidió quitarse la vida luego de un escrache. En aquel caso, no medió ningún tipo de presentación judicial, y el colectivo “Ni una menos”, así como la socióloga María Pía López se pronunciaron en un medio definiendo el episodio como “un muerto que les habían arrojado” La expresión no podía ser menos feliz, inoportuna e impiadosa; revelaba que no estaban dispuestas a revisar la metodología, y que las consecuencias de tales actos siempre reposarían en el eventual victimario. Nadie puede estar en desacuerdo con la justicia de sus reclamos, nadie puede dejar de acompañar su marcha, nadie les negará el aliento y apoyo frente a una causa que dignifica a la humanidad, pero en la dinámica social que se ha desencadenado y que ustedes, posiblemente de manera involuntaria, han favorecido, se produce un efecto no deseado: el estado de derecho se encuentra en peligro. El tono exaltado, airado, histérico, de las intervenciones mediáticas, vuelve trivial a una cuestión en la que se juegan nuestras garantías constitucionales. Voces más prudentes y calmas nos ofrecen una perspectiva más equilibrada. Citamos aquí a la abogada Débora Huczek: “La honestidad no es una cuestión de género, sino de identidad, una verdadera elección. Estoy llevando causas de hombres que son víctimas de los movimientos feministas, de mujeres que utilizan cualquier pretexto basado en el género para difamar. Estos hombres, víctimas de falsas acusaciones, deben lidiar en los Tribunales para reivindicar su honor. Luego de haber sido públicamente humillados sólo por ser hombres, por pensar distinto. Porque ahora ninguno puede hablar sin temor a ser catalogado como misógino. (…). Ya no hay versiones que confrontar y se impone una verdad absoluta, sin importar lo que determine la Justicia”. Débora Huczek es abogada, es feminista, afirma que jamás defendería a un violador, es una mujer de derecho, profundamente preocupada por lo que pueda pasar en torno a la ley, o a su ausencia, en virtud de estas prácticas que la soslayan. Seguimos citándola: “es en la Justicia, y con las debidas garantías constitucionales, donde se deben debatir todas las cuestiones. No debemos olvidar que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. (…). No se trata de a quien le creo, no entro en ese juego perverso. (…) Sólo defiendo mi derecho a cuestionar, a reflexionar, a expresarme y principalmente a cuidar celosamente el cumplimiento de nuestra valiosa Constitución Nacional”. Quiero cerrar esta carta abierta, haciendo algunas aclaraciones personales: hace poco menos de un año, un suicidio ocurrido en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos.Aires llamó mi atención. Se trataba de un hombre acusado por una de sus alumnas de tenis, que denunciaba un episodio que había sucedido doce años antes. La presentación, efectuada en una página de Facebook que luego fue bajada, constaba de unas pocas líneas escritas y había sido firmada con seudónimo. Sin embargo, el efecto en el infierno grande de un pueblo chico fue devastador. Aquel hombre se suicidó a los pocos días. La acusadora jamás amplió su denuncia. Ese episodio me puso sobre alerta de lo que podría sobrevenir si, una vez instalada hegemónicamente la consigna “yo te creo, hermana”, un estado de sospecha se imponía sobre todos los hombres. Hoy, las versiones circulantes sobre la reputación de cualquier persona se pueden tejer en cuestión de horas, y armarse con la misma metodología que la prensa hegemónica inficionó en el hábito y en la percepción de los ciudadanos argentinos: el “asesinato” de Nisman, el triple crimen de General Rodríguez “ordenado” por Aníbal Fernández o las cuentas en el exterior de Máximo Kirchner, son algunas de las múltiples invenciones que nos ha deparado esta época de posverdad. Yo mismo he tenido que desmontar operaciones en mi contra. Testimonios de personas que jamás me conocieron ni conocieron mi entorno, “amigas” de ex parejas que nunca conocí ni de las que oí hablar y lejanas conocidas que de pronto fungían de personas cercanas a esa intimidad, recitaban con una convicción digna de un testigo privilegiado, el relato de mis presuntas tropelías. En verdad, la única fuente de la que disponían era el rumor, unos chats y un perfil de Facebook que se abrió a fin de difamarme y luego se cerró. Recién entonces comprendí el poder de la sugestión y la necesidad de creer una especie si el sujeto mencionado no era del agrado del que propalaba la leyenda. Como se ha dicho, vivimos en la posverdad, donde una identidad falsa puede llevar a la muerte a una persona, y convencer a millones de su reputación, entonces, cómo no prevenirnos de este estado de sospecha. Todo lo que se ha dicho aquí, todas las prevenciones, todas las disquisiciones, no menguan ni por un segundo la justicia de sus reclamos ni la impostergable necesidad de terminar con la violencia contra las mujeres, sino que más bien propone las condiciones para que esta justicia sea eficaz, expeditiva y sujeta a la Ley. Ustedes conocen la historia de “Las brujas de Salem”, aquella obra maestra de Arthur Miller. Algunas de ustedes seguramente habrá sido Abigail, aquella niña-mujer en vínculo equívoco con John Proctor, que por despecho inventó una historia de diablos y embrujos. Todos sabemos cómo terminó esa historia: con linchamientos, como estos que se están produciendo ahora, con reputaciones deshechas, como las que ahora mismo se deshacen frente a nuestros ojos, y con algunos farsantes que aprovecharon la situación para cobrarse venganzas personales y apropiarse de un par de hectáreas de tierra. Entre otros aspectos, “Las brujas de Salem” nos enseña que la sugestión es una ilusión contagiosa y el punitivismo, una droga adictiva que pide más y más culpables, sin distinguir reos de inocentes. No permitamos que nuestro país sea Salem, no dejemos que algunos vivos de afuera, nos siembren de muertos adentro y se lleven unas cuantas hectáreas de tierra. No hay justicia por fuera de la Ley, así como no puede haber igualdad ni liberación de un sector, en un país colonizado por poderes trasnacionales. Por: Carlos Balmaceda

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2016.08.14 13:30 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 1 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Espartaco No. 45 Mayo de 2016
En la Declaración de principios y algunos elementos de programa, la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista) expone nuestra tarea de “construir partidos leninistas como secciones nacionales de una internacional centralista-democrática cuyo propósito es dirigir a la clase obrera a la victoria mediante revoluciones socialistas a través del mundo” (Spartacist [Edición en español] No. 29, agosto de 1998). Sólo mediante la toma del poder podrá el proletariado acabar con el capitalismo como sistema y abrir el camino hacia un mundo sin explotación ni opresión. Crucial para esta perspectiva es la lucha por la emancipación de la mujer, cuya opresión se remonta al comienzo de la propiedad privada y no podrá ser eliminada sin la abolición de la sociedad de clases.
La Declaración explica que nuestra meta en última instancia es la creación de una sociedad nueva, una sociedad comunista:
“La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría las bases para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, y la abolición misma del significado social de la raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, llevando a una emancipación jamás imaginada del potencial humano, y a una ola monumental de avance de la civilización. Sólo entonces será posible realizar el desarrollo libre de cada individuo como la condición para el desarro- llo libre de todos”.
La mayoría de las organizaciones que se hacían llamar marxistas solían aceptar la meta de una sociedad comunista, aunque no coincidieran en nada más. Pero desde el colapso de la Unión Soviética en 1991-1992 esto ya no es así. Sólo la LCI se adhiere a la perspectiva del comunismo mundial que expusieron por primera vez Karl Marx y Friedrich Engels.
Este clima ideológico de la “muerte del comunismo” ha llevado a que prevalezcan nociones falsas y estrechas de lo que es el marxismo. En la conciencia popular, el comunismo ha quedado reducido a la nivelación económica (igualdad en un nivel bajo de ingreso y de consumo) bajo la propiedad estatal de los recursos económicos. Por el contrario, la base material para el cumplimiento del programa marxista es la superación de la escasez económica mediante el aumento progresivo de la productividad del trabajo. Para realizarse plenamente, ello exige varias generaciones de desarrollo socialista basado en una economía colectivizada a escala mundial. Así, se desarrollará una sociedad en la que el estado (aparato coercitivo especial que defiende el orden de la clase dominante a través de destacamentos de hombres armados) se habrá extinguido, la filiación nacional habrá desaparecido y la institución de la familia —principal fuente de la opresión de la mujer— habrá sido remplazada por medios colectivos para cuidar y socializar a los niños y por la más amplia libertad en las relaciones sexuales.
El marxismo y la “naturaleza humana”
En el pasado, los intelectuales que consideraban semejante sociedad indeseable y/o imposible, no dejaban de reconocer que era eso lo que los marxistas llamaban comunismo. Por ejemplo, en El malestar en la cultura (1930), una exposición popular de su concepción del mundo, Sigmund Freud ofrece una breve crítica del comunismo. No hay evidencia de que haya estudiado las obras de Marx y Engels ni de que haya leído las de V.I. Lenin y otros líderes bolcheviques. Su comprensión (e incomprensión) del comunismo le era común a muchos intelectuales europeos y estadounidenses de su tiempo, independientemente de sus convicciones políticas.
Freud basaba su crítica del comunismo en el punto de vista de que “la tendencia agresiva es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano” y concluía que el proyecto comunista de una sociedad armoniosa contravenía la naturaleza humana:
“No me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. Sin embargo, nada se habrá modificado con ello en las diferencias de poderío y de influencia que la agresividad aprovecha para sus propósitos; tampoco se habrá cambiado la esencia de ésta... Si se eliminara el derecho personal a poseer bienes materiales, aún subsistirían los privilegios derivados de las relaciones sexuales, que necesariamente deben convertirse en fuente de la más intensa envidia y de la más violenta hostilidad entre los seres humanos, equiparados en todo lo restante. Si también se aboliera este privilegio, decretando la completa libertad de la vida sexual, suprimiendo, pues, la familia, célula germinal de la cultura, entonces, es verdad, sería imposible predecir qué nuevos caminos seguiría la evolución de ésta; pero cualesquiera que ellos fueren, podemos aceptar que las inagotables tendencias intrínsecas de la naturaleza humana tampoco dejarían de seguirlos”.
Freud entendía correctamente que en la visión comunista de la sociedad futura la familia se habrá extinguido y habrá una “completa libertad de la vida sexual”. La visión de Freud era incorrecta en tanto que los marxistas reconocen que la familia no puede simplemente abolirse; sus funciones necesarias, especialmente la crianza de la siguiente generación, deben ser remplazadas por medios socializados de cuidado infantil y trabajo doméstico.
Si bien Freud ya no tiene la autoridad ideológica que solía tener, la idea de que la “naturaleza humana” hace imposible un mundo comunista sigue siendo común, aunque los argumentos específicos puedan diferir. Los marxistas, en cambio, insistimos en que es la escasez material lo que da lugar a las salvajes reyertas por los recursos escasos. Es por ello que el comunismo es concebible sólo con un nivel sin precedentes de abundancia material, acompañado de un inmenso salto en el nivel cultural de la sociedad. Es la existencia de las clases, actualmente en la forma de un orden capitalista-imperialista obsoleto, lo que infesta a la sociedad humana con brutalidad y violencia. Como escribió el autor marxista Isaac Deutscher en “Sobre el hombre socialista” (1966): “utilizan el homo homini lupus [el hombre es el lobo del hombre] como grito de guerra contra el progreso y el socialismo y agitan al espantajo del eterno lupus humano en provecho del verdadero y sanguinario lupus del imperialismo contemporáneo”.
Para Freud, la “agresión innata” de las relaciones sexuales era el problema con la naturaleza humana. ¿Cuál es la realidad? La patología social asociada a lo que Freud percibía como rivalidad sexual tendría poca razón de ser en una sociedad comunal plenamente libre en la que la vida sexual fuera independiente del acceso al alimento, la vivienda, la educación y demás necesidades y comodidades cotidianas. Cuando la familia se haya extinguido junto con las clases y el estado, la crianza comunal que la remplace llevará a una nueva sicología y cultura entre la gente que crezca en esas condiciones. Los valores sociales patriarcales —“mi” mujer, “mis” hijos— se desvanecerán junto con el sistema opresivo que los genera. La relación de los niños entre sí y con las personas que les enseñan y guían serán multilaterales, complejas y dinámicas. Es la institución de la familia lo que ata al sexo y al amor a la propiedad, con todo lo que salga de la camisa de fuerza de la monogamia heterosexual considerado “pecado”.
La familia bajo el capitalismo es el principal mecanismo de la opresión de la mujer y de la juventud, atada por innumerables lazos interrelacionados con las operaciones básicas de la economía de “libre mercado”. La familia, el estado y la religión organizada conforman un tripié de opresión en el que se sostiene el orden capitalista. En los países del Tercer Mundo, el atraso y la pobreza arraigados, promovidos por la dominación imperialista, conducen a prácticas horriblemente opresivas como el velo, el precio de la novia y la mutilación genital femenina.
En las sociedades capitalistas avanzadas, como la estadounidense, podría pensarse que la gente lleva una vida complicada, más parecida a las presentadas en programas de televisión como Modern Family o Transparent que a la comedia de los años cincuenta Papá lo sabe todo. Sin embargo, las decisiones personales de la gente están constreñidas por la ley, la economía y los prejuicios de la sociedad de clases; esto es especialmente cierto en el caso de la clase obrera y los pobres. Remplazar la familia por instituciones colectivas es el aspecto más radical del programa comunista, y el que traerá los cambios más profundos y drásticos en la vida cotidiana, incluida la de los niños.
Nuestros oponentes en la izquierda y la cacería de brujas antisexo
En la actualidad, la visión de una sociedad sin la institución opresiva de la familia ya no puede hallarse en la gran mayoría de los que dicen estar por el marxismo, el socialismo o la liberación de la mujer. Hace ya décadas que los estalinistas, con su dogma antimarxista del “socialismo en un solo país”, renunciaron al entendimiento de que era necesaria una sociedad socialista global para conseguir la plena liberación humana, incluyendo la de la mujer. Una consecuencia de ello fue la rehabilitación estalinista de la opresiva familia como un pilar “socialista”. En “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer” (Spartacist [Edición en español] No. 34, noviembre de 2006), tratamos esta cuestión a profundidad.
Hoy, otros supuestos marxistas, entre ellos algunos que afirman ser trotskistas, simplemente siguen la doctrina feminista liberal (burguesa) prevaleciente en cuanto a la liberación de la mujer, apoyando implícitamente a las instituciones de la familia y el estado burgués. Un ejemplo de ello lo dan las reacciones histéricas de nuestros oponentes ante nuestra defensa de los derechos de la North American Man/Boy Love Association (Asociación Norteamericana de Amor entre Hombres y Muchachos, NAMBLA), que está por la legalización del sexo consensual entre hombres y muchachos, así como de otros perseguidos por su “depravación” sexual. La LCI se ha opuesto consistentemente a la intervención del gobierno en la vida privada y exige derogar todas las leyes contra los “crímenes sin víctimas” consensuales, como la prostitución, el consumo de drogas y la pornografía.
Los aullidos de muchos radicales y feministas contra NAMBLA expresan los “valores familiares” que impulsan los políticos e ideólogos burgueses. Durante décadas, la reacción antisexo patrocinada por el gobierno ha tomado varias formas: el prejuicio fanático antigay, una cacería de brujas contra los trabajadores de las guarderías, la prohibición de que se distribuyan entre adolescentes anticonceptivos e información sobre el control de la natalidad, y el encarcelamiento de “desviados”. Este asalto reaccionario estuvo acompañado por terrorismo extralegal, como las bombas en las clínicas de aborto. Gran parte de esta persecución busca fortalecer al estado burgués en su regulación de la población y difundir el pánico como una distracción de la verdadera brutalidad de la vida en esta sociedad retorcida, cruel, prejuiciosa y racista.
En artículos anteriores, hemos explorado algunas de las ambigüedades de la sexualidad en una sociedad donde las deformidades de la desigualdad de clase y de la opresión racial y sexual pueden producir mucho sufrimiento personal y cosas desagradables. Hemos afirmado que, mientras que el abuso infantil es un crimen horrendo y cruel, muchos encuentros sexuales ilegales son totalmente consensuales y no producen por sí mismos ningún daño. La mezcolanza deliberada de todo lo que vaya desde las caricias mutuas entre hermanos hasta la violación horrenda de un niño pequeño por parte de un adulto crea un clima social de histeria antisexo en el que los perpetradores de la violencia real contra los niños a menudo quedan impunes. Hemos señalado que las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos como el Homo sapiens claramente no encajan en la rígida monogamia heterosexual decretada por la moral burguesa.
Como medida básica de defensa frente a la persecución estatal de los jóvenes que quieren tener sexo (así sea sexting), nos oponemos a las reaccionarias leyes de la “edad de consentimiento”, con las que el estado decreta cierta edad arbitraria a partir de la cual permite el sexo, sin importarle que dicha edad cambie con el tiempo y varíe de un estado a otro en EE.UU. Al tratar esas cuestiones, nos ubicamos firmemente en oposición al estado capitalista y todos sus esfuerzos por reforzar y sostener el orden burgués explotador. Ésa es la aplicación, bajo las actuales circunstancias, de nuestra meta de la libertad sexual para todos, incluyendo a los niños y los adolescentes, en un futuro comunista. Esto tiene una importancia particular para los jóvenes adultos, de los que se espera que pasen los años que siguen a la pubertad bajo el yugo de la dependencia de sus padres. Llamamos por estipendios plenos para todos los estudiantes como parte de nuestro programa por una educación gratuita y de calidad para todos, para que los jóvenes puedan ser genuinamente independientes de sus familias.
Por el contrario, la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se niega a llamar por la abolición de las leyes de la edad de consentimiento actuales. En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [La juventud, la sexualidad y la izquierda], la dirigente de la ISO Sherry Wolf blande su pica contra el partidario de NAMBLA David Thorstad por ser “el más ardiente y añejo defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Wolf cita su propio libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation (Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT, Haymarket Books, 2009): “Un consentimiento genuino, libre de la desigualdad de poder, no puede dárselo un niño a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, las relaciones entre adultos y niños no son las de individuos iguales en lo emocional, lo físico, lo social ni lo económico. Los niños y los púberes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder para tomar decisiones realmente libres respecto a sus relaciones con adultos. Sin eso, no puede haber consentimiento genuino”.
¿“Decisiones realmente libres”? Pocas relaciones entre adultos cumplirían con esta definición de consentimiento. En los hechos, Wolf pone a los jóvenes menores de 18 años y a sus parejas a merced del estado burgués. El único principio guía para toda relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el acuerdo y entendimiento mutuo entre todas las partes involucradas— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual.
El que la ISO abandone a los jóvenes al opresivo status quo sexual refleja su acomodación a los prejuicios del orden capitalista y las actitudes atrasadas de la población en general. En última instancia, viene de la vieja oposición de la ISO a toda perspectiva de movilización revolucionaria de la clase obrera hacia la toma del poder y la creación de un estado obrero —la dictadura del proletariado— que abra el camino hacia una sociedad comunista. Para la ISO, el socialismo es más o menos la aplicación acumulada de la “democracia” a todos los sectores oprimidos, entre los cuales la clase obrera es simplemente uno más. La ISO procura presionar a los capitalistas para que reformen su sistema de explotación. Su perspectiva de la liberación de la mujer refleja la misma fe conmovedora en las fuerzas de la reforma.
Por qué los marxistas no somos feministas
Cosa interesante, en los últimos años la ISO ha estado discutiendo en las páginas de su periódico, el Socialist Worker, acerca de las teorías sobre la liberación de la mujer. Parece ser que su motivación es el deseo de abandonar su postura anterior de oposición al feminismo como una ideología burguesa, para poder adoptar activamente la etiqueta de feminista o “feminista socialista”. Por ejemplo, en una charla de la conferencia Social-ism de la ISO en 2013 (publicada en “Marxism, Feminism and the Fight for Liberation” [Marxismo, feminismo y la lucha por la liberación], socialistworker.org, 10 de julio de 2013), Abbie Bakan sugirió: “La afirmación teórica de que hay bases para un enfoque marxista coherente que esté por la ‘liberación de la mujer’, pero contra el ‘feminismo’, carece de sentido”. (Hasta marzo de ese año, Bakan había sido una destacada partidaria de los International Socialists [Socialistas Internacionales] de Canadá, primos políticos de la ISO.)
La reciente adopción teórica explícita por parte de la ISO del “feminismo socialista” no es más que otra cubierta para el mismo contenido liberal. Sin embargo, nos ofrece la oportunidad de reafirmar la vieja posición marxista respecto a la familia y enfatizar que la emancipación de la mujer es fundamental para la revolución socialista e inseparable de ella. Contra lo que dice la ideología feminista, la plena igualdad legal no basta para superar la opresión de la mujer, que está profundamente enraizada en la familia y la propiedad privada.
Como siempre hemos enfatizado, marxismo y feminismo son viejos enemigos políticos. Eso requiere una explicación. En Estados Unidos y otros lugares se ha vuelto común aplicar el término “feminista” a quienes piensan que hombres y mujeres deberían ser iguales. Sin embargo, al lidiar con la desigualdad, el feminismo acepta los confines de la sociedad capitalista existente. Como ideología, el feminismo nació a finales del siglo XIX, reflejando las aspiraciones de una capa de mujeres burguesas y pequeñoburguesas que reclamaban sus prerrogativas de clase: derecho a la propiedad y a la herencia, acceso a la educación y las profesiones, y derecho al voto. Los marxistas buscamos mucho más que esta limitada idea de “igualdad de género”.
Los marxistas reconocemos que la liberación de la mujer no puede ocurrir sin la liberación de toda la raza humana de la explotación y la opresión: ése es nuestro fin. Hace bastante más de un siglo August Bebel, el dirigente histórico del Partido Socialdemócrata de Alemania, lo explicó claramente en su libro La mujer y el socialismo (1879), un clásico marxista. Reeditada varias veces, esta obra fue leída por millones de obreros de distintas generaciones antes de la Primera Guerra Mundial. La riqueza de su visión de la emancipación de la mujer no puede hallarse en ninguno de los escritos de la ISO al respecto:
“[La mujer] elegirá para su actividad los terrenos que correspondan a sus deseos, inclinaciones y disposiciones y trabajará en las mismas condiciones que el hombre. Lo mismo que todavía será obrera práctica en cualquier oficio, durante otra parte del día será educadora, maestra, enfermera, y durante otra parte ejercitará cualquier arte o ciencia y cumplirá en una cuarta parte cualquier función administrativa”.
—La mujer y el socialismo (Ediciones de Cultura Popular, 1978)
Lo que es especialmente significativo de la descripción que hace Bebel de la naturaleza emancipadora del trabajo en la sociedad socialista es que se aplica igualmente a los hombres. Eso apunta al núcleo del motivo por el que marxismo y feminismo son mutuamente excluyentes y de hecho antagónicos. Los feministas consideran que la división básica de la sociedad es entre hombres y mujeres, mientras que los socialistas reconocemos que los obreros de ambos sexos deben luchar juntos para acabar con la opresión y la explotación que sufren por parte de la clase capitalista.
Marx desvirtuado
En su giro teórico a favor del “feminismo socialista”, la ISO está promoviendo el libro Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory (Marxismo y la opresión de la mujer: Hacia una teoría unitaria, Haymarket Books, 2013) de Lise Vogel. Publicado originalmente en 1983, el libro se reeditó como parte de la serie Historical Materialism con una introducción encomiástica de dos académicos canadienses partidarios del ultrarreformista New Socialist Group (Nuevo Grupo Socialista). Incluso hace 30 años, el medio “feminista socialista” al que se dirige Vogel ya se había disuelto en la nada. Pero, dado que Vogel pretende representar un polo marxista dentro del movimiento o corriente intelectual “socialfeminista”, hoy a la ISO le cuadra promover su libro.
En la sección introductoria del libro, Vogel se deslinda ecuánimemente tanto de los feministas no marxistas como de los marxistas no feministas. Se fija como su tarea principal analizar el carácter de la opresión de la mujer dentro de la estructura y dinámica del sistema económico capitalista. Su tratamiento de Marx y Engels es confuso, contradictorio y rimbombante. Se enfoca principalmente en la relación entre el trabajo doméstico y la reproducción generacional de la fuerza de trabajo. Para Vogel, la opresión de la mujer se reduce estrechamente al trabajo doméstico (no pagado). Afirmando explícitamente que “la categoría de ‘la familia’...es insuficiente como punto de partida analítico”, Vogel pasa por alto las cuestiones más amplias del papel de la familia en la opresión de la mujer y los niños y su importancia como sostén clave del orden capitalista. La familia sirve para atomizar a la clase obrera y propagar el individualismo burgués como barrera a la solidaridad de clase.
Su concepción estrecha de la opresión de la mujer no impide a Vogel calumniar a Engels como “determinista económico”. Simplemente deja de lado los aspectos culturales y sociales incluidos en la riqueza de los argumentos que Engels presenta en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884). Para tomar un ejemplo, Vogel se queja de que Engels “no vincula claramente el desarrollo de una esfera especial relacionada a la reproducción de la fuerza de trabajo con el surgimiento de la sociedad de clases o quizá la sociedad capitalista”. Aparentemente, esto significa que Engels no muestra cómo el surgimiento de la sociedad de clases llegó a pesar sobre el papel de la mujer en la crianza de los hijos. Esto simplemente no es verdad.
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Engels describe cómo la familia se originó en el neolítico cuando la sociedad se dividió en clases por vez primera. Apoyándose en la información disponible en aquella época, Engels se basó mucho en el trabajo pionero de Lewis Henry Morgan entre los iroqueses del norte del estado de Nueva York para entender las sociedades primitivas sin clases. Engels describió cómo la invención de la agricultura creó un excedente social que permitió, por primera vez, el desarrollo de una clase dominante ociosa que vivía del trabajo ajeno. La familia, específicamente la monogamia de la mujer, fue necesaria para asegurar la transmisión ordenada de la propiedad y el poder a los herederos del patriarca, la siguiente generación de la clase dominante. Si bien es mucho lo que se ha descubierto sobre las primeras etapas de la sociedad humana desde tiempos de Engels, su entendimiento fundamental ha resistido la prueba del tiempo.
Vogel no analiza la función social de la familia para la clase obrera bajo el capitalismo, donde sirve para criar a la siguiente generación de esclavos asalariados. En El capital, Marx explicó que el costo de la fuerza de trabajo está determinado por el costo de manutención y reproducción del obrero: sus gastos cotidianos, su capacitación y el sostén de su pareja y sus hijos. Para aumentar la ganancia, los capitalistas buscan bajar el costo del trabajo: no sólo de los salarios que pagan a los bolsillos de los obreros, sino también de los servicios como la educación y la salud públicas, que son necesarios para la manutención del proletariado.
El feminismo a veces critica algunos aspectos de la familia, pero en general sólo para quejarse de los “roles de género”, como si el problema fuera una discusión sobre el estilo de vida respecto a quién debe lavar los platos o darle al bebé su mamila. El problema es la institución de la familia, que integra a la gente a la sociedad desde la infancia de manera que acate ciertas normas, respete a la autoridad y desarrolle los hábitos de obediencia y deferencia que son tan útiles a la obtención de ganancias por parte de los capitalistas. La familia le es invaluable a la burguesía como reserva de pequeña propiedad privada y en algunos casos de pequeña producción, operando como freno ideológico a la conciencia social. Vogel pasa por alto estas cuestiones y se enfoca estrictamente en el “trabajo doméstico” no pagado de la mujer.
El fin último
La posición de Vogel es incluso más débil en lo que toca al fin último de la liberación de la mujer. Esto se ve especialmente en lo que no dice. Vogel divorcia la emancipación de la mujer de la superación de la escasez económica y del remplazo del trabajo enajenado —tanto en la fábrica como en el hogar— por el trabajo creativo y gratificante. Tanto el fin último de una sociedad comunista como los medios básicos para lograrlo quedan fuera de los confines intelectuales del “feminismo socialista” de Vogel.
Cuando Marx y Engels explicaron que suscribían un entendimiento materialista de la sociedad y del cambio social, no se referían sólo al capitalismo y las sociedades de clase anteriores (como el feudalismo). También proporcionaron un entendimiento materialista de la futura sociedad sin clases. De hecho, ésa era su diferencia fundamental con las principales corrientes socialistas de principios del siglo XIX —los owenistas, fourieristas y saint-simonianos— como las resumió Engels en Del socialismo utópico al socialismo científico (originalmente parte de su polémica de 1878, Anti-Dühring). Marx y Engels reconocían que una sociedad socialista —entendida como la etapa inicial del comunismo— requeriría un nivel de productividad del trabajo muy superior incluso a la de los países capitalistas más avanzados de hoy. Esto se logrará mediante una expansión continua del conocimiento científico y su aplicación tecnológica.
Vogel no comparte esa concepción. Esto queda particularmente claro en su análisis de los primeros años de la Rusia soviética. Expresando un gran aprecio del entendimiento que tenía Lenin de la opresión de la mujer y de su compromiso por superarla, cita con aprobación un discurso de 1919, “Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética”:
“Todas ustedes saben que incluso cuando las mujeres gozan de plenos derechos, en la práctica siguen esclavizadas, porque todas las tareas domésticas pesan sobre ellas. En la mayoría de los casos las tareas domésticas son el trabajo más improductivo, más embrutecedor y más arduo que pueda hacer una mujer. Es un trabajo extraordinariamente mezquino y no incluye nada que de algún modo pueda contribuir al desarrollo de la mujer.
“En la prosecución del ideal socialista, queremos luchar por la realización total del socialismo, y se abre aquí un amplio campo de acción para la mujer. Realizamos ahora serios preparativos a fin de desbrozar el terreno para la construcción del socialismo, pero la construcción del socialismo comenzará sólo cuando hayamos logrado la completa igualdad de la mujer, y cuando acometamos las nuevas tareas junto con la mujer, que habrá sido liberada del trabajo mezquino, embrutecedor, improductivo”.
Vogel presenta equivocadamente a Lenin como una voz solitaria clamando en el desierto e implica que el principal obstáculo para superar la opresión de la mujer en los primeros años de la Rusia soviética era ideológico: las generalizadas actitudes patriarcales entre los hombres de la clase obrera y el campesinado combinadas con una supuesta indiferencia por la liberación de la mujer entre los cuadros, mayoritariamente varones, del Partido Bolchevique. Vogel escribe:
“Los señalamientos de Lenin respecto al machismo nunca tomaron forma programática, y la campaña contra el atraso ideológico masculino nunca pasó de ser un tema menor en la práctica bolchevique. Sin embargo, sus observaciones sobre el problema representaron una admisión extremadamente inusual de la seriedad del mismo... Las contribuciones teóricas de Lenin no lograron dejar una impresión duradera”.
De hecho, el gobierno soviético realizó enormes esfuerzos para aliviar a la mujer obrera de la carga del trabajo doméstico y la crianza de niños mediante el establecimiento de cocinas comunales, lavanderías, guarderías, etc. Tanto los bolcheviques como la Internacional Comunista establecieron departamentos especiales para el trabajo entre las mujeres. Durante los primeros años del estado obrero soviético, el Zhenotdel estuvo activo tanto en las regiones europeas como en las del Asia Central.
Los límites de las medidas liberadoras del gobierno comunista bajo V.I. Lenin y León Trotsky no fueron ideológicos, sino producto de condiciones objetivas: la pobreza de recursos materiales, agravada por años de guerra imperialista y guerra civil. En un ensayo de 1923 titulado “De la vieja a la nueva familia”, incluido en la compilación de 1924 Problemas de la vida cotidiana (una obra que Vogel no menciona siquiera), Trotsky explicó:
“En principio, la preparación material de las condiciones para un nuevo modo de vida y una nueva familia no puede separarse tampoco del trabajo de la construcción socialista. El estado de los trabajadores necesita mayor prosperidad con el fin de que le sea posible tomar seriamente en sus manos la educación pública de los niños y aliviar asimismo a la familia de los cuidados de la limpieza y la cocina. La socialización de la familia, del manejo de la casa y de la educación de los niños no será posible sin una notable mejoría de toda nuestra economía. Necesitamos una mayor proporción de formas económicas socialistas. Sólo bajo tales condiciones, podremos liberar a la familia de las funciones y cuidados que actualmente la oprimen y desintegran. El lavado debe estar a cargo de una lavandería pública, la alimentación a cargo de comedores públicos, la confección del vestido debe realizarse en los talleres. Los niños deben ser educados por excelentes maestros pagados por el estado y que tengan una real vocación para su trabajo”.
La escasez material fue fuente de otro ámbito importante de desigualdad entre los hombres y las mujeres en los primeros años de la Rusia soviética (y por extensión en todo estado obrero económicamente atrasado). Se trata de la escasez de la mano de obra altamente calificada que requiere conocimientos y capacidades técnicas avanzados. A los obreros industriales calificados y los miembros de la intelectualidad técnica (ingenieros, arquitectos, etc.) había que pagarles salarios más altos que a los obreros no calificados, aunque la diferencia era mucho menor que en los países capitalistas. Este sector mejor pagado de la fuerza de trabajo, heredado del pequeño sector capitalista moderno de la Rusia zarista, era predominantemente masculino. Aunque se hicieron esfuerzos dirigidos a corregir esto, al joven estado obrero le faltaban los recursos materiales para educar y entrenar a las mujeres para que se volvieran maquinistas e ingenieras en cantidades suficientes a fin de superar el predominio masculino del trabajo calificado.
El libro de Vogel concluye con una proyección de cómo será la transición al comunismo tras el derrocamiento del capitalismo:
“Ante la terrible realidad de la opresión de la mujer, los socialistas utópicos del siglo XIX llamaron por la abolición de la familia. Todavía hoy, su drástica exigencia sigue teniendo adeptos entre los socialistas. En cambio, el materialismo histórico plantea la difícil cuestión de reducir y redistribuir simultáneamente el trabajo doméstico conforme éste se va transformando en un componente integral de la producción social en la sociedad comunista. Así como en la transición socialista ‘el estado no es “abolido”, sino que se extingue’, así también el trabajo doméstico debe extinguirse. Por lo tanto, durante la transición al comunismo una administración adecuada del trabajo doméstico y el trabajo femenino será un problema clave de la sociedad socialista, pues sólo sobre esta base pueden establecerse y conservarse las condiciones económicas, políticas e ideológicas de la verdadera liberación de la mujer. En el proceso, la familia, en su forma histórica particular como una unidad social basada en el parentesco para la reproducción de fuerza de trabajo explotable en la sociedad de clases, también se extinguirá, y con ella tanto las relaciones familiares patriarcales como la opresión de la mujer” [énfasis en el original].
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2016.06.07 04:08 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 1 - 2 ) (Mayo de 2016)

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Espartaco No. 45 Mayo de 2016
En la Declaración de principios y algunos elementos de programa, la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista) expone nuestra tarea de “construir partidos leninistas como secciones nacionales de una internacional centralista-democrática cuyo propósito es dirigir a la clase obrera a la victoria mediante revoluciones socialistas a través del mundo” (Spartacist [Edición en español] No. 29, agosto de 1998). Sólo mediante la toma del poder podrá el proletariado acabar con el capitalismo como sistema y abrir el camino hacia un mundo sin explotación ni opresión. Crucial para esta perspectiva es la lucha por la emancipación de la mujer, cuya opresión se remonta al comienzo de la propiedad privada y no podrá ser eliminada sin la abolición de la sociedad de clases.
La Declaración explica que nuestra meta en última instancia es la creación de una sociedad nueva, una sociedad comunista:
“La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría las bases para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, y la abolición misma del significado social de la raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, llevando a una emancipación jamás imaginada del potencial humano, y a una ola monumental de avance de la civilización. Sólo entonces será posible realizar el desarrollo libre de cada individuo como la condición para el desarro- llo libre de todos”.
La mayoría de las organizaciones que se hacían llamar marxistas solían aceptar la meta de una sociedad comunista, aunque no coincidieran en nada más. Pero desde el colapso de la Unión Soviética en 1991-1992 esto ya no es así. Sólo la LCI se adhiere a la perspectiva del comunismo mundial que expusieron por primera vez Karl Marx y Friedrich Engels.
Este clima ideológico de la “muerte del comunismo” ha llevado a que prevalezcan nociones falsas y estrechas de lo que es el marxismo. En la conciencia popular, el comunismo ha quedado reducido a la nivelación económica (igualdad en un nivel bajo de ingreso y de consumo) bajo la propiedad estatal de los recursos económicos. Por el contrario, la base material para el cumplimiento del programa marxista es la superación de la escasez económica mediante el aumento progresivo de la productividad del trabajo. Para realizarse plenamente, ello exige varias generaciones de desarrollo socialista basado en una economía colectivizada a escala mundial. Así, se desarrollará una sociedad en la que el estado (aparato coercitivo especial que defiende el orden de la clase dominante a través de destacamentos de hombres armados) se habrá extinguido, la filiación nacional habrá desaparecido y la institución de la familia —principal fuente de la opresión de la mujer— habrá sido remplazada por medios colectivos para cuidar y socializar a los niños y por la más amplia libertad en las relaciones sexuales.
El marxismo y la “naturaleza humana”
En el pasado, los intelectuales que consideraban semejante sociedad indeseable y/o imposible, no dejaban de reconocer que era eso lo que los marxistas llamaban comunismo. Por ejemplo, en El malestar en la cultura (1930), una exposición popular de su concepción del mundo, Sigmund Freud ofrece una breve crítica del comunismo. No hay evidencia de que haya estudiado las obras de Marx y Engels ni de que haya leído las de V.I. Lenin y otros líderes bolcheviques. Su comprensión (e incomprensión) del comunismo le era común a muchos intelectuales europeos y estadounidenses de su tiempo, independientemente de sus convicciones políticas.
Freud basaba su crítica del comunismo en el punto de vista de que “la tendencia agresiva es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano” y concluía que el proyecto comunista de una sociedad armoniosa contravenía la naturaleza humana:
“No me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. Sin embargo, nada se habrá modificado con ello en las diferencias de poderío y de influencia que la agresividad aprovecha para sus propósitos; tampoco se habrá cambiado la esencia de ésta... Si se eliminara el derecho personal a poseer bienes materiales, aún subsistirían los privilegios derivados de las relaciones sexuales, que necesariamente deben convertirse en fuente de la más intensa envidia y de la más violenta hostilidad entre los seres humanos, equiparados en todo lo restante. Si también se aboliera este privilegio, decretando la completa libertad de la vida sexual, suprimiendo, pues, la familia, célula germinal de la cultura, entonces, es verdad, sería imposible predecir qué nuevos caminos seguiría la evolución de ésta; pero cualesquiera que ellos fueren, podemos aceptar que las inagotables tendencias intrínsecas de la naturaleza humana tampoco dejarían de seguirlos”.
Freud entendía correctamente que en la visión comunista de la sociedad futura la familia se habrá extinguido y habrá una “completa libertad de la vida sexual”. La visión de Freud era incorrecta en tanto que los marxistas reconocen que la familia no puede simplemente abolirse; sus funciones necesarias, especialmente la crianza de la siguiente generación, deben ser remplazadas por medios socializados de cuidado infantil y trabajo doméstico.
Si bien Freud ya no tiene la autoridad ideológica que solía tener, la idea de que la “naturaleza humana” hace imposible un mundo comunista sigue siendo común, aunque los argumentos específicos puedan diferir. Los marxistas, en cambio, insistimos en que es la escasez material lo que da lugar a las salvajes reyertas por los recursos escasos. Es por ello que el comunismo es concebible sólo con un nivel sin precedentes de abundancia material, acompañado de un inmenso salto en el nivel cultural de la sociedad. Es la existencia de las clases, actualmente en la forma de un orden capitalista-imperialista obsoleto, lo que infesta a la sociedad humana con brutalidad y violencia. Como escribió el autor marxista Isaac Deutscher en “Sobre el hombre socialista” (1966): “utilizan el homo homini lupus [el hombre es el lobo del hombre] como grito de guerra contra el progreso y el socialismo y agitan al espantajo del eterno lupus humano en provecho del verdadero y sanguinario lupus del imperialismo contemporáneo”.
Para Freud, la “agresión innata” de las relaciones sexuales era el problema con la naturaleza humana. ¿Cuál es la realidad? La patología social asociada a lo que Freud percibía como rivalidad sexual tendría poca razón de ser en una sociedad comunal plenamente libre en la que la vida sexual fuera independiente del acceso al alimento, la vivienda, la educación y demás necesidades y comodidades cotidianas. Cuando la familia se haya extinguido junto con las clases y el estado, la crianza comunal que la remplace llevará a una nueva sicología y cultura entre la gente que crezca en esas condiciones. Los valores sociales patriarcales —“mi” mujer, “mis” hijos— se desvanecerán junto con el sistema opresivo que los genera. La relación de los niños entre sí y con las personas que les enseñan y guían serán multilaterales, complejas y dinámicas. Es la institución de la familia lo que ata al sexo y al amor a la propiedad, con todo lo que salga de la camisa de fuerza de la monogamia heterosexual considerado “pecado”.
La familia bajo el capitalismo es el principal mecanismo de la opresión de la mujer y de la juventud, atada por innumerables lazos interrelacionados con las operaciones básicas de la economía de “libre mercado”. La familia, el estado y la religión organizada conforman un tripié de opresión en el que se sostiene el orden capitalista. En los países del Tercer Mundo, el atraso y la pobreza arraigados, promovidos por la dominación imperialista, conducen a prácticas horriblemente opresivas como el velo, el precio de la novia y la mutilación genital femenina.
En las sociedades capitalistas avanzadas, como la estadounidense, podría pensarse que la gente lleva una vida complicada, más parecida a las presentadas en programas de televisión como Modern Family o Transparent que a la comedia de los años cincuenta Papá lo sabe todo. Sin embargo, las decisiones personales de la gente están constreñidas por la ley, la economía y los prejuicios de la sociedad de clases; esto es especialmente cierto en el caso de la clase obrera y los pobres. Remplazar la familia por instituciones colectivas es el aspecto más radical del programa comunista, y el que traerá los cambios más profundos y drásticos en la vida cotidiana, incluida la de los niños.
Nuestros oponentes en la izquierda y la cacería de brujas antisexo
En la actualidad, la visión de una sociedad sin la institución opresiva de la familia ya no puede hallarse en la gran mayoría de los que dicen estar por el marxismo, el socialismo o la liberación de la mujer. Hace ya décadas que los estalinistas, con su dogma antimarxista del “socialismo en un solo país”, renunciaron al entendimiento de que era necesaria una sociedad socialista global para conseguir la plena liberación humana, incluyendo la de la mujer. Una consecuencia de ello fue la rehabilitación estalinista de la opresiva familia como un pilar “socialista”. En “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer” (Spartacist [Edición en español] No. 34, noviembre de 2006), tratamos esta cuestión a profundidad.
Hoy, otros supuestos marxistas, entre ellos algunos que afirman ser trotskistas, simplemente siguen la doctrina feminista liberal (burguesa) prevaleciente en cuanto a la liberación de la mujer, apoyando implícitamente a las instituciones de la familia y el estado burgués. Un ejemplo de ello lo dan las reacciones histéricas de nuestros oponentes ante nuestra defensa de los derechos de la North American Man/Boy Love Association (Asociación Norteamericana de Amor entre Hombres y Muchachos, NAMBLA), que está por la legalización del sexo consensual entre hombres y muchachos, así como de otros perseguidos por su “depravación” sexual. La LCI se ha opuesto consistentemente a la intervención del gobierno en la vida privada y exige derogar todas las leyes contra los “crímenes sin víctimas” consensuales, como la prostitución, el consumo de drogas y la pornografía.
Los aullidos de muchos radicales y feministas contra NAMBLA expresan los “valores familiares” que impulsan los políticos e ideólogos burgueses. Durante décadas, la reacción antisexo patrocinada por el gobierno ha tomado varias formas: el prejuicio fanático antigay, una cacería de brujas contra los trabajadores de las guarderías, la prohibición de que se distribuyan entre adolescentes anticonceptivos e información sobre el control de la natalidad, y el encarcelamiento de “desviados”. Este asalto reaccionario estuvo acompañado por terrorismo extralegal, como las bombas en las clínicas de aborto. Gran parte de esta persecución busca fortalecer al estado burgués en su regulación de la población y difundir el pánico como una distracción de la verdadera brutalidad de la vida en esta sociedad retorcida, cruel, prejuiciosa y racista.
En artículos anteriores, hemos explorado algunas de las ambigüedades de la sexualidad en una sociedad donde las deformidades de la desigualdad de clase y de la opresión racial y sexual pueden producir mucho sufrimiento personal y cosas desagradables. Hemos afirmado que, mientras que el abuso infantil es un crimen horrendo y cruel, muchos encuentros sexuales ilegales son totalmente consensuales y no producen por sí mismos ningún daño. La mezcolanza deliberada de todo lo que vaya desde las caricias mutuas entre hermanos hasta la violación horrenda de un niño pequeño por parte de un adulto crea un clima social de histeria antisexo en el que los perpetradores de la violencia real contra los niños a menudo quedan impunes. Hemos señalado que las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos como el Homo sapiens claramente no encajan en la rígida monogamia heterosexual decretada por la moral burguesa.
Como medida básica de defensa frente a la persecución estatal de los jóvenes que quieren tener sexo (así sea sexting), nos oponemos a las reaccionarias leyes de la “edad de consentimiento”, con las que el estado decreta cierta edad arbitraria a partir de la cual permite el sexo, sin importarle que dicha edad cambie con el tiempo y varíe de un estado a otro en EE.UU. Al tratar esas cuestiones, nos ubicamos firmemente en oposición al estado capitalista y todos sus esfuerzos por reforzar y sostener el orden burgués explotador. Ésa es la aplicación, bajo las actuales circunstancias, de nuestra meta de la libertad sexual para todos, incluyendo a los niños y los adolescentes, en un futuro comunista. Esto tiene una importancia particular para los jóvenes adultos, de los que se espera que pasen los años que siguen a la pubertad bajo el yugo de la dependencia de sus padres. Llamamos por estipendios plenos para todos los estudiantes como parte de nuestro programa por una educación gratuita y de calidad para todos, para que los jóvenes puedan ser genuinamente independientes de sus familias.
Por el contrario, la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se niega a llamar por la abolición de las leyes de la edad de consentimiento actuales. En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [La juventud, la sexualidad y la izquierda], la dirigente de la ISO Sherry Wolf blande su pica contra el partidario de NAMBLA David Thorstad por ser “el más ardiente y añejo defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Wolf cita su propio libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation (Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT, Haymarket Books, 2009): “Un consentimiento genuino, libre de la desigualdad de poder, no puede dárselo un niño a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, las relaciones entre adultos y niños no son las de individuos iguales en lo emocional, lo físico, lo social ni lo económico. Los niños y los púberes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder para tomar decisiones realmente libres respecto a sus relaciones con adultos. Sin eso, no puede haber consentimiento genuino”.
¿“Decisiones realmente libres”? Pocas relaciones entre adultos cumplirían con esta definición de consentimiento. En los hechos, Wolf pone a los jóvenes menores de 18 años y a sus parejas a merced del estado burgués. El único principio guía para toda relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el acuerdo y entendimiento mutuo entre todas las partes involucradas— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual.
El que la ISO abandone a los jóvenes al opresivo status quo sexual refleja su acomodación a los prejuicios del orden capitalista y las actitudes atrasadas de la población en general. En última instancia, viene de la vieja oposición de la ISO a toda perspectiva de movilización revolucionaria de la clase obrera hacia la toma del poder y la creación de un estado obrero —la dictadura del proletariado— que abra el camino hacia una sociedad comunista. Para la ISO, el socialismo es más o menos la aplicación acumulada de la “democracia” a todos los sectores oprimidos, entre los cuales la clase obrera es simplemente uno más. La ISO procura presionar a los capitalistas para que reformen su sistema de explotación. Su perspectiva de la liberación de la mujer refleja la misma fe conmovedora en las fuerzas de la reforma.
Por qué los marxistas no somos feministas
Cosa interesante, en los últimos años la ISO ha estado discutiendo en las páginas de su periódico, el Socialist Worker, acerca de las teorías sobre la liberación de la mujer. Parece ser que su motivación es el deseo de abandonar su postura anterior de oposición al feminismo como una ideología burguesa, para poder adoptar activamente la etiqueta de feminista o “feminista socialista”. Por ejemplo, en una charla de la conferencia Social-ism de la ISO en 2013 (publicada en “Marxism, Feminism and the Fight for Liberation” [Marxismo, feminismo y la lucha por la liberación], socialistworker.org, 10 de julio de 2013), Abbie Bakan sugirió: “La afirmación teórica de que hay bases para un enfoque marxista coherente que esté por la ‘liberación de la mujer’, pero contra el ‘feminismo’, carece de sentido”. (Hasta marzo de ese año, Bakan había sido una destacada partidaria de los International Socialists [Socialistas Internacionales] de Canadá, primos políticos de la ISO.)
La reciente adopción teórica explícita por parte de la ISO del “feminismo socialista” no es más que otra cubierta para el mismo contenido liberal. Sin embargo, nos ofrece la oportunidad de reafirmar la vieja posición marxista respecto a la familia y enfatizar que la emancipación de la mujer es fundamental para la revolución socialista e inseparable de ella. Contra lo que dice la ideología feminista, la plena igualdad legal no basta para superar la opresión de la mujer, que está profundamente enraizada en la familia y la propiedad privada.
Como siempre hemos enfatizado, marxismo y feminismo son viejos enemigos políticos. Eso requiere una explicación. En Estados Unidos y otros lugares se ha vuelto común aplicar el término “feminista” a quienes piensan que hombres y mujeres deberían ser iguales. Sin embargo, al lidiar con la desigualdad, el feminismo acepta los confines de la sociedad capitalista existente. Como ideología, el feminismo nació a finales del siglo XIX, reflejando las aspiraciones de una capa de mujeres burguesas y pequeñoburguesas que reclamaban sus prerrogativas de clase: derecho a la propiedad y a la herencia, acceso a la educación y las profesiones, y derecho al voto. Los marxistas buscamos mucho más que esta limitada idea de “igualdad de género”.
Los marxistas reconocemos que la liberación de la mujer no puede ocurrir sin la liberación de toda la raza humana de la explotación y la opresión: ése es nuestro fin. Hace bastante más de un siglo August Bebel, el dirigente histórico del Partido Socialdemócrata de Alemania, lo explicó claramente en su libro La mujer y el socialismo (1879), un clásico marxista. Reeditada varias veces, esta obra fue leída por millones de obreros de distintas generaciones antes de la Primera Guerra Mundial. La riqueza de su visión de la emancipación de la mujer no puede hallarse en ninguno de los escritos de la ISO al respecto:
“[La mujer] elegirá para su actividad los terrenos que correspondan a sus deseos, inclinaciones y disposiciones y trabajará en las mismas condiciones que el hombre. Lo mismo que todavía será obrera práctica en cualquier oficio, durante otra parte del día será educadora, maestra, enfermera, y durante otra parte ejercitará cualquier arte o ciencia y cumplirá en una cuarta parte cualquier función administrativa”.
—La mujer y el socialismo (Ediciones de Cultura Popular, 1978)
Lo que es especialmente significativo de la descripción que hace Bebel de la naturaleza emancipadora del trabajo en la sociedad socialista es que se aplica igualmente a los hombres. Eso apunta al núcleo del motivo por el que marxismo y feminismo son mutuamente excluyentes y de hecho antagónicos. Los feministas consideran que la división básica de la sociedad es entre hombres y mujeres, mientras que los socialistas reconocemos que los obreros de ambos sexos deben luchar juntos para acabar con la opresión y la explotación que sufren por parte de la clase capitalista.
Marx desvirtuado
En su giro teórico a favor del “feminismo socialista”, la ISO está promoviendo el libro Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory (Marxismo y la opresión de la mujer: Hacia una teoría unitaria, Haymarket Books, 2013) de Lise Vogel. Publicado originalmente en 1983, el libro se reeditó como parte de la serie Historical Materialism con una introducción encomiástica de dos académicos canadienses partidarios del ultrarreformista New Socialist Group (Nuevo Grupo Socialista). Incluso hace 30 años, el medio “feminista socialista” al que se dirige Vogel ya se había disuelto en la nada. Pero, dado que Vogel pretende representar un polo marxista dentro del movimiento o corriente intelectual “socialfeminista”, hoy a la ISO le cuadra promover su libro.
En la sección introductoria del libro, Vogel se deslinda ecuánimemente tanto de los feministas no marxistas como de los marxistas no feministas. Se fija como su tarea principal analizar el carácter de la opresión de la mujer dentro de la estructura y dinámica del sistema económico capitalista. Su tratamiento de Marx y Engels es confuso, contradictorio y rimbombante. Se enfoca principalmente en la relación entre el trabajo doméstico y la reproducción generacional de la fuerza de trabajo. Para Vogel, la opresión de la mujer se reduce estrechamente al trabajo doméstico (no pagado). Afirmando explícitamente que “la categoría de ‘la familia’...es insuficiente como punto de partida analítico”, Vogel pasa por alto las cuestiones más amplias del papel de la familia en la opresión de la mujer y los niños y su importancia como sostén clave del orden capitalista. La familia sirve para atomizar a la clase obrera y propagar el individualismo burgués como barrera a la solidaridad de clase.
Su concepción estrecha de la opresión de la mujer no impide a Vogel calumniar a Engels como “determinista económico”. Simplemente deja de lado los aspectos culturales y sociales incluidos en la riqueza de los argumentos que Engels presenta en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884). Para tomar un ejemplo, Vogel se queja de que Engels “no vincula claramente el desarrollo de una esfera especial relacionada a la reproducción de la fuerza de trabajo con el surgimiento de la sociedad de clases o quizá la sociedad capitalista”. Aparentemente, esto significa que Engels no muestra cómo el surgimiento de la sociedad de clases llegó a pesar sobre el papel de la mujer en la crianza de los hijos. Esto simplemente no es verdad.
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Engels describe cómo la familia se originó en el neolítico cuando la sociedad se dividió en clases por vez primera. Apoyándose en la información disponible en aquella época, Engels se basó mucho en el trabajo pionero de Lewis Henry Morgan entre los iroqueses del norte del estado de Nueva York para entender las sociedades primitivas sin clases. Engels describió cómo la invención de la agricultura creó un excedente social que permitió, por primera vez, el desarrollo de una clase dominante ociosa que vivía del trabajo ajeno. La familia, específicamente la monogamia de la mujer, fue necesaria para asegurar la transmisión ordenada de la propiedad y el poder a los herederos del patriarca, la siguiente generación de la clase dominante. Si bien es mucho lo que se ha descubierto sobre las primeras etapas de la sociedad humana desde tiempos de Engels, su entendimiento fundamental ha resistido la prueba del tiempo.
Vogel no analiza la función social de la familia para la clase obrera bajo el capitalismo, donde sirve para criar a la siguiente generación de esclavos asalariados. En El capital, Marx explicó que el costo de la fuerza de trabajo está determinado por el costo de manutención y reproducción del obrero: sus gastos cotidianos, su capacitación y el sostén de su pareja y sus hijos. Para aumentar la ganancia, los capitalistas buscan bajar el costo del trabajo: no sólo de los salarios que pagan a los bolsillos de los obreros, sino también de los servicios como la educación y la salud públicas, que son necesarios para la manutención del proletariado.
El feminismo a veces critica algunos aspectos de la familia, pero en general sólo para quejarse de los “roles de género”, como si el problema fuera una discusión sobre el estilo de vida respecto a quién debe lavar los platos o darle al bebé su mamila. El problema es la institución de la familia, que integra a la gente a la sociedad desde la infancia de manera que acate ciertas normas, respete a la autoridad y desarrolle los hábitos de obediencia y deferencia que son tan útiles a la obtención de ganancias por parte de los capitalistas. La familia le es invaluable a la burguesía como reserva de pequeña propiedad privada y en algunos casos de pequeña producción, operando como freno ideológico a la conciencia social. Vogel pasa por alto estas cuestiones y se enfoca estrictamente en el “trabajo doméstico” no pagado de la mujer.
El fin último
La posición de Vogel es incluso más débil en lo que toca al fin último de la liberación de la mujer. Esto se ve especialmente en lo que no dice. Vogel divorcia la emancipación de la mujer de la superación de la escasez económica y del remplazo del trabajo enajenado —tanto en la fábrica como en el hogar— por el trabajo creativo y gratificante. Tanto el fin último de una sociedad comunista como los medios básicos para lograrlo quedan fuera de los confines intelectuales del “feminismo socialista” de Vogel.
Cuando Marx y Engels explicaron que suscribían un entendimiento materialista de la sociedad y del cambio social, no se referían sólo al capitalismo y las sociedades de clase anteriores (como el feudalismo). También proporcionaron un entendimiento materialista de la futura sociedad sin clases. De hecho, ésa era su diferencia fundamental con las principales corrientes socialistas de principios del siglo XIX —los owenistas, fourieristas y saint-simonianos— como las resumió Engels en Del socialismo utópico al socialismo científico (originalmente parte de su polémica de 1878, Anti-Dühring). Marx y Engels reconocían que una sociedad socialista —entendida como la etapa inicial del comunismo— requeriría un nivel de productividad del trabajo muy superior incluso a la de los países capitalistas más avanzados de hoy. Esto se logrará mediante una expansión continua del conocimiento científico y su aplicación tecnológica.
Vogel no comparte esa concepción. Esto queda particularmente claro en su análisis de los primeros años de la Rusia soviética. Expresando un gran aprecio del entendimiento que tenía Lenin de la opresión de la mujer y de su compromiso por superarla, cita con aprobación un discurso de 1919, “Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética”:
“Todas ustedes saben que incluso cuando las mujeres gozan de plenos derechos, en la práctica siguen esclavizadas, porque todas las tareas domésticas pesan sobre ellas. En la mayoría de los casos las tareas domésticas son el trabajo más improductivo, más embrutecedor y más arduo que pueda hacer una mujer. Es un trabajo extraordinariamente mezquino y no incluye nada que de algún modo pueda contribuir al desarrollo de la mujer.
“En la prosecución del ideal socialista, queremos luchar por la realización total del socialismo, y se abre aquí un amplio campo de acción para la mujer. Realizamos ahora serios preparativos a fin de desbrozar el terreno para la construcción del socialismo, pero la construcción del socialismo comenzará sólo cuando hayamos logrado la completa igualdad de la mujer, y cuando acometamos las nuevas tareas junto con la mujer, que habrá sido liberada del trabajo mezquino, embrutecedor, improductivo”.
Vogel presenta equivocadamente a Lenin como una voz solitaria clamando en el desierto e implica que el principal obstáculo para superar la opresión de la mujer en los primeros años de la Rusia soviética era ideológico: las generalizadas actitudes patriarcales entre los hombres de la clase obrera y el campesinado combinadas con una supuesta indiferencia por la liberación de la mujer entre los cuadros, mayoritariamente varones, del Partido Bolchevique. Vogel escribe:
“Los señalamientos de Lenin respecto al machismo nunca tomaron forma programática, y la campaña contra el atraso ideológico masculino nunca pasó de ser un tema menor en la práctica bolchevique. Sin embargo, sus observaciones sobre el problema representaron una admisión extremadamente inusual de la seriedad del mismo... Las contribuciones teóricas de Lenin no lograron dejar una impresión duradera”.
De hecho, el gobierno soviético realizó enormes esfuerzos para aliviar a la mujer obrera de la carga del trabajo doméstico y la crianza de niños mediante el establecimiento de cocinas comunales, lavanderías, guarderías, etc. Tanto los bolcheviques como la Internacional Comunista establecieron departamentos especiales para el trabajo entre las mujeres. Durante los primeros años del estado obrero soviético, el Zhenotdel estuvo activo tanto en las regiones europeas como en las del Asia Central.
Los límites de las medidas liberadoras del gobierno comunista bajo V.I. Lenin y León Trotsky no fueron ideológicos, sino producto de condiciones objetivas: la pobreza de recursos materiales, agravada por años de guerra imperialista y guerra civil. En un ensayo de 1923 titulado “De la vieja a la nueva familia”, incluido en la compilación de 1924 Problemas de la vida cotidiana (una obra que Vogel no menciona siquiera), Trotsky explicó:
“En principio, la preparación material de las condiciones para un nuevo modo de vida y una nueva familia no puede separarse tampoco del trabajo de la construcción socialista. El estado de los trabajadores necesita mayor prosperidad con el fin de que le sea posible tomar seriamente en sus manos la educación pública de los niños y aliviar asimismo a la familia de los cuidados de la limpieza y la cocina. La socialización de la familia, del manejo de la casa y de la educación de los niños no será posible sin una notable mejoría de toda nuestra economía. Necesitamos una mayor proporción de formas económicas socialistas. Sólo bajo tales condiciones, podremos liberar a la familia de las funciones y cuidados que actualmente la oprimen y desintegran. El lavado debe estar a cargo de una lavandería pública, la alimentación a cargo de comedores públicos, la confección del vestido debe realizarse en los talleres. Los niños deben ser educados por excelentes maestros pagados por el estado y que tengan una real vocación para su trabajo”.
La escasez material fue fuente de otro ámbito importante de desigualdad entre los hombres y las mujeres en los primeros años de la Rusia soviética (y por extensión en todo estado obrero económicamente atrasado). Se trata de la escasez de la mano de obra altamente calificada que requiere conocimientos y capacidades técnicas avanzados. A los obreros industriales calificados y los miembros de la intelectualidad técnica (ingenieros, arquitectos, etc.) había que pagarles salarios más altos que a los obreros no calificados, aunque la diferencia era mucho menor que en los países capitalistas. Este sector mejor pagado de la fuerza de trabajo, heredado del pequeño sector capitalista moderno de la Rusia zarista, era predominantemente masculino. Aunque se hicieron esfuerzos dirigidos a corregir esto, al joven estado obrero le faltaban los recursos materiales para educar y entrenar a las mujeres para que se volvieran maquinistas e ingenieras en cantidades suficientes a fin de superar el predominio masculino del trabajo calificado.
El libro de Vogel concluye con una proyección de cómo será la transición al comunismo tras el derrocamiento del capitalismo:
“Ante la terrible realidad de la opresión de la mujer, los socialistas utópicos del siglo XIX llamaron por la abolición de la familia. Todavía hoy, su drástica exigencia sigue teniendo adeptos entre los socialistas. En cambio, el materialismo histórico plantea la difícil cuestión de reducir y redistribuir simultáneamente el trabajo doméstico conforme éste se va transformando en un componente integral de la producción social en la sociedad comunista. Así como en la transición socialista ‘el estado no es “abolido”, sino que se extingue’, así también el trabajo doméstico debe extinguirse. Por lo tanto, durante la transición al comunismo una administración adecuada del trabajo doméstico y el trabajo femenino será un problema clave de la sociedad socialista, pues sólo sobre esta base pueden establecerse y conservarse las condiciones económicas, políticas e ideológicas de la verdadera liberación de la mujer. En el proceso, la familia, en su forma histórica particular como una unidad social basada en el parentesco para la reproducción de fuerza de trabajo explotable en la sociedad de clases, también se extinguirá, y con ella tanto las relaciones familiares patriarcales como la opresión de la mujer” [énfasis en el original].
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